Marcas De Distinción

Preparando el terreno: I GM y el rechazo al riesgo de The Macallan

Nuestra determinación de perseverar en medio de la incertidumbre de la Primera Guerra Mundial

A diario tomamos decisiones difíciles; siempre hay alguna contrapartida y la presión del riesgo. Sin embargo, cuando existen un propósito y una visión superiores más allá de esas decisiones, es necesario realizar ciertos sacrificios. Pero merecen la pena. Y es ese tipo de perseverancia y determinación lo que genera la longevidad y fortalece el carácter, posicionando a la persona para los desafíos del futuro.

Tras el estallido de la I Guerra Mundial en 1914, la nación entera empezó a experimentar las penurias y las dificultades a una escala que no se había visto en la era moderna. Las empresas cerraban por falta de recursos humanos debido a las fuerzas armadas, y las fábricas se centraban en el esfuerzo bélico, las restricciones de la venta de alcohol y el aumento de los impuestos. Estos trastornos en las cadenas de suministro se tradujeron en una inmensa presión para no arriesgar la calidad de los productos que se fabricaban.

Al mando de The Macallan durante aquella época se encontraba el Dr. Alexander Harminson, fideicomisario y por entonces socio gerente de Kemp Trust. Se trataba de una organización creada para salvaguardar la inversión de la familia en el negocio tras el fallecimiento de Roderick Kemp, propietario de The Macallan de 1892 a 1909. Fue el liderazgo inflexible de Kemp el que infundió el espíritu de excelencia y perseverancia que fijó el estándar en los difíciles tiempos que sobrevinieron, y que es intrínseco de nuestra marca en la actualidad.

Manteniendo el estándar

La correspondencia del fideicomiso durante los tiempos turbulentos de la Primera Guerra Mundial reflejan un inquebrantable rechazo al riesgo en cualquier área del negocio (incluyendo los ingredientes del whisky) a pesar de la presión, muy real y totalmente comprensible, por realizar recortes. Pese a las dificultades de abastecimiento, Harbinson comprobaba la condición de las barricas en las bodegas todas las semanas para garantizar que se mantuvieran los estándares y, si se observaba un problema con la calidad de la madera, se abordaba al momento. Como hombre que no se andaba con rodeos, en una carta le llamó la atención a un proveedor por la calidad inferior de la cebada enviada, diciéndole lo siguiente:

El informe de [nuestro] maestro cervecero en ese momento manifestaba: “Un aroma desagradable y agrio, una muestra en absoluto correcta”. Ahora es totalmente evidente, en el proceso de malteado, que la cebada es de muy mala calidad y que afectará a la calidad de nuestro whisky de forma injuriosa.

El cervecero tuvo problemas para hacer germinar la cebada, algo esencial en la preparación de un espirituoso de nueva fabricación, y en última instancia solo el 50 % cobró vida. Este nivel es inaceptable, especialmente si se compró a un precio basado en una muestra de calidad muy superior. Por ello, Harbinson solicitó, de manera cortés y enfática, que se le devolviera el dinero.

En 1916, sin vislumbrar el final de la guerra, el verdadero obstáculo era encontrar trabajadores lo suficientemente sanos como para garantizar que el negocio siguiera adelante sin interrupciones.

A pesar de la pérdida de un tonelero, algo que impactó en la reparación de las barricas, el fideicomiso decidió continuar con el negocio como de costumbre, a pesar de la reducción en la producción:

Son tantos los hombres que se han unido a las fuerzas que nuestro personal está muy mermado en la actualidad, y temo que será difícil remplazar a los que se han ido. No obstante, tenemos la firme intención de seguir trabajando, siempre que sea posible. Nuestra producción será inferior a la habitual, debido a la reducción del 30 % que sufrimos, así como a la media de cinco años que nos lleva afectando desfavorablemente.

En otra carta más emotiva, Harbison se queja de la pérdida de tantas personas en la guerra, y expresa su esperanza en que las hostilidades finalicen pronto. Hizo todo lo posible por mantener una fuerte relación con los clientes de la empresa, expresando su pesar cuando no podía satisfacer la totalidad de los pedidos y recomendando otras fuentes cuando él mismo era incapaz de suministrar alguna botella añeja de Macallan en particular.

No siempre es fácil mantener un estándar, especialmente cuando alguna fuerza externa a tu control crea cierta presión por aceptar el riesgo. Habría sido totalmente comprensible, bajo aquellas circunstancias, el cierre temporal de las operaciones o el trabajo con unos ingredientes poco óptimos. Pero el fideicomiso tomó la decisión de mantener un estándar operativo, a pesar de los desafíos y sacrificios que implicaba. Y ese rechazo al riesgo ayudó a convertir a The Macallan en la marca inimitable y el espirituoso inigualable por el que la empresa es conocida en la actualidad.

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